Creando negocios y emprendimientos que glorifiquen a Dios

Debes enfocar tus esfuerzos en tu negocio o emprendimiento, en que sea más que solo crear ingresos o riqueza, mas bien debes buscar la gloria de Dios.

En un mundo donde el éxito a menudo se mide por el tamaño de la cuenta bancaria o el número de seguidores en redes sociales, como cristianos estamos llamados a ver más allá.

¿Te has preguntado alguna vez qué quiere Dios para ti en tu vida profesional? Crear un emprendimiento, o una empresa, puede ser mucho más que una simple búsqueda de beneficios económicos. Es una oportunidad para servir y glorificar a Dios, y cumplir con Su propósito en nuestras vidas.

El Fundamento Bíblico del Emprendimiento

La Biblia es rica en sabiduría sobre cómo manejar nuestros recursos y talentos. En Proverbios 31:16, hablando dela mujer virtuosa, nos dice que dicha mujer “inspecciona un campo y lo compra; con sus ganancias planta un viñedo”. Este versículo nos muestra que el espíritu emprendedor no es nuevo, sino que incluso es algo muy positivo. Es parte del diseño divino para que usemos nuestras habilidades y oportunidades para crear valor en el mundo.

Desde el principio, Dios diseñó a la humanidad con un propósito: cuidar y gobernar la creación. En Génesis 1:28, se dice: “Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella»”. Adán y Eva fueron llamados a cultivar y cuidar del jardín, no solo como un deber, sino como una expresión de amor y adoración a Dios.

De manera similar, hoy se nos llama a usar nuestras habilidades para influir positivamente en nuestro entorno y servir a los demás a través de nuestros emprendimientos.

¿Qué pasaría si vieras cada inversión de tiempo y energía como una semilla plantada para el Reino de Dios? Al igual que un agricultor que decide plantar un huerto, podemos usar nuestros negocios para alimentar no solo a nuestras familias, sino también a nuestras comunidades y más allá. Es un llamado a ver el potencial en lo que otros pueden pasar por alto y actuar con diligencia y fe.

El Verdadero Propósito del Emprendimiento

El emprendimiento, en su esencia, es un acto de servicio. Cada producto o servicio que ofreces es una oportunidad para mejorar la vida de alguien. Este es el verdadero “por qué” detrás de nuestros esfuerzos. Cuando entendemos que nuestro trabajo es un medio para bendecir a otros, el enfoque cambia de ganar dinero a hacer una diferencia.

Imagina a una madre que inicia una guardería en su vecindario. No solo está asegurando un ingreso para su familia, sino que también está proporcionando un espacio seguro y enriquecedor para los niños mientras sus padres trabajan. Su negocio se convierte en un ministerio, una expresión tangible del amor y cuidado de Dios.

Alineando Nuestro Negocio con el Propósito de Dios

Dios nos ha dado la increíble promesa de que Sus planes son para nuestro bien. En Jeremías 29:11, leemos: “Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza”. En Romanos 8:28-30 también nos dice que a los que le amamos, todas las cosas nos ayudan a bien. Al alinear nuestro negocio o emprendimiento con el propósito de Dios, no solo nos aseguramos de que estamos en el camino correcto, sino que también abrimos la puerta a las bendiciones que Él tiene para nosotros.

¿Cómo puedes asegurarte de que tu negocio está alineado con el plan de Dios? Empieza preguntándote cómo tu producto o servicio puede servir al Reino de Dios.

Dios nos llama a ser luz en el mundo, y eso incluye el mercado. Emprender requiere fe, no solo en nosotros mismos, sino en que Dios está guiando cada uno de nuestros pasos. En Hebreos 11:1, se nos dice que “la fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver”. Cada decisión que tomamos en nuestro negocio es una oportunidad para ejercitar esa fe y confiar en que Dios está trabajando a través de nosotros. Pero recuerda, siempre debes estar en oración delante de Dios, y buscar su voluntad, para estar alineado con su propósito. Y, como nos decía Santiago, “si el Señor quiere”.

Considera al joven emprendedor que desarrolla tecnología para mejorar la accesibilidad. Aunque enfrenta retos financieros, su fe en que Dios lo está guiando lo impulsa a seguir adelante, convencido de que está haciendo una diferencia en el mundo. Y muchas personas con capacidades diferentes podrán ser incluidos en este mundo tan tecnologizado.

Conclusión

El emprendimiento es más que una actividad económica. Es una vocación divina que nos invita a amar y servir a nuestro prójimo. Al integrar nuestra fe en nuestro trabajo, no solo buscamos éxito, sino que también nos convertimos en agentes de cambio para el Reino de Dios.

Que cada esfuerzo y cada logro en nuestros negocios sean un reflejo de nuestra fe y un testimonio de Su amor.

“Hagan todo con entusiasmo, como si lo hicieran para el Señor y no para la gente” (Colosenses 3:23). Que este versículo nos inspire a ver nuestros emprendimientos como un acto de adoración, un medio para manifestar el Reino de Dios en la tierra.